domingo, 8 de enero de 2012

Volver a los 18


Paso muchas veces por la puerta de un bar que tiene como nombre "al Tun tun", un bar que tiene mas de 20 años, los mismos que hace que cerrara una discoteca mítica de Madrid.

No es que fuese la re-pera, pero era grande y nos acogía todos los fines de semana, al principio como cliente, en poco tiempo como una extensión de la misma, o sea, como empleado.
Puede parecer una frase  creada, pero fue una de las mejores épocas de mi vida, épocas tempranas de amores, desamores, amistades, fracasos, risas, desencuentros. Me encantaba trabajar en aquella discoteca.
Era grande, fue un cine, el cine Texas, oscura pero a la vez titánica. Tenia una escaleras de color naranja que eran parte de su logotipo, este, tenía 4 colores, el naranja, el negro, el verde y el blanco. El nombre, rodeaba la escalera y esta a su vez, contenía un disco de la época. Se entraba por un pasillo ancho tenía también una escalera que nos llevaba a la planta de arriba, donde encontrábamos los servicios, el ropero, una barra y una zona donde estaba la gran pantalla de vídeo, donde los nuevos enamorados se pegaban el lote, mientras los de seguridad no les llamaran la atención.
En la puerta, siempre estaba un tío alto, con bigote, de aspecto serio, al menos era la impresión que daba, cuando entrabas a la sala, tuve oportunidad de conocerlo bien, era una persona encantadora que de lunes a viernes trabajaba para la casa real y los fines de semana, se sacaba un dinerito como portero de discoteca, que no matón, aunque tuviese esa imagen. Si este personaje te dejaba pasar, pues te hacían un scanner nada mas llegar a su altura y nos miraba la ropa y los zapatos, pues si llevabas zapatillas deportivas, ya sabias que la entrada la tenias totalmente cerrada, pasabas a una sala que albergaba mas de 1000 personas cada fin de semana.
Si pasabas una de esas tres puertas, encontrabas un montón de sillones y de mesas para poder charlar y conocer al personal, y después una gran pista de madera, coronada por tres plataformas móviles de luces  y  un escenario que también tenía una gran barra, escenario que se podía cerrar con una gran reja naranja, que era parte de la escenografía de aquella mítica sala.

Fueron famosas sus fiestas, grandes colas para entrar, que recorrían su calle hasta llegar a la calle Arturo Soria, incluso se apuntó a la noche madrileña durante unas semanas, duró poco, estaba demasiado lejos del recorrido natural de la noche en Madrid.



Ayer volví a entrar en ella, no niego que un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Entre en ese local que lo único que conserva son los espejos de su entrada, que curioso, ahora es un súper, un "Ahorramas, el súper del barrio".
Estanterías llenas de comida, un techo "técnico", que esconde la grandeza de aquel cine, que luego fue discoteca y años mas tarde estudio de televisión, pero en mi corto paseo, pude volver a ese espacio mágico que nos acogía todos los fines de semana en nuestra juventud. Puede ser curioso que esta tontería,  te emocione, pero lo hizo, recorrí el súper y como aquella película, Titanic, mi imaginación me volvió a llevar años atrás, no sonaba la misma música, pero estaba allí, al lado de los yogures, allí estaba la cabina, donde un día, tuvimos que decir adiós, aquella noche de domingo, cuando pusimos el ultimo disco del día, abrí el micro y solo dije una frase: "hasta siempre".
Salí del súper, con un pan Bimbo bajo el brazo y me volví a despedir de ese local que fue parte importante de mi vida y como no, de muchas de vuestras vidas.

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